Edulcorantes artificiales. ¿Tan buena idea como parece?

Imagínate una forma de endulzar tus alimentos sin añadir ni una sola caloría. Esa es la labor de los edulcorantes artificiales. Un producto que aporta todos los beneficios del azúcar sin consecuencias para tu línea. Perfecto, ¿verdad?

Pues es perfecto hasta que deja de serlo. Y es que los edulcorantes artificiales están situados en el centro de varias polémicas desde el descubrimiento del primer edulcorante sin calorías, la sacarina, allá por el año 1878. Desde entonces, son varios los investigadores que dudan de que estos productos sean completamente sanos. Después de todo, la sacarina fue descubierta por un químico que trabajaba con alquitrán de hulla, un elemento carcinógeno.

Casi 150 años y miles de investigaciones después, seguimos sin llegar a un acuerdo. La European Food Safety Authority, tras exhaustivos estudios sobre el aspartamo (otro de estos edulcorantes artificiales), concluyó a finales del año 2013 que era seguro a las dosis en que se consumía y que no provocaba ningún tipo de cáncer. Sin embargo, el grupo del Center for Science in the Public Interest declaraba que esa decisión había sido poco menos que un “lavado de manos“.

Entonces, ¿tomar o no tomar edulcorantes artificiales? He ahí la cuestión. Porque si quieres reducir el número de calorías que ingieres, son una buena opción. Pero, como muchas de las creaciones químicas de la industria alimentaria, los edulcorantes artificiales no son todo lo que prometen.

Más allá de su relación con casos de cáncer, que no vamos a tratar en este artículo, los investigadores han descubierto que los edulcorantes artificiales pueden ser un peligro para nuestra salud y quizás no ayudarte tanto como crees en la pérdida de peso. ¿Por qué? Por esto.

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Edulcorantes artificiales. Splenda

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Edulcorantes artificiales. Engañan a tu sentido del gusto

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Los edulcorantes artificiales, incluso aquellos naturales como la stevia que procede de una planta, son cientos o miles de veces más dulces que el azúcar. Esta información se puede leer en el último libro de Anne Alexander, The Sugar Smart Diet donde habla de algún edulcorante artificial más.

La sucralosa, por ejemplo, vendida bajo la marca Splenda, es 600 veces más dulce que el azúcar y el neotame, una nueva alternativa al aspartamo es ni más ni menos que 7.000 veces más dulce que el azúcar. La stevia es entre 200 y 300 veces más dulce que nuestro azúcar de mesa.

Según la señora Alexander, las evidencias sugieren que exponer a nuestras papilas gustativas a estos edulcorantes de alta intensidad las convierten en menos receptivas a otras formas de azúcar, como la que podemos encontrar de forma natural en la fruta. Cuando tu sentido del gusto ya se ha acostumbrado a esos niveles, busca alimentos más y más dulces.

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Edulcorantes artificiales. Azucarillos

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Edulcorantes artificiales. Engañan a tu intestino

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Un estudio sobre edulcorantes artificiales desarrollado en la Purdue University concluye que tu intestino se desorienta cuando consumes edulcorantes sin calorías pero muy dulces.

Al hacerlo, el sentido del gusto envía una señal a tu intestino indicándole que un alimento rico en calorías está llegando, por lo que el intestino se prepara para recibir algo muy calórico.

Pero cuando se da cuenta de que esto no es lo que llega, tu intestino no puede utilizar de forma eficiente ese alimento, lo que provoca una serie de efectos en cascada que influyen en las señales de apetito que envía tu organismo.

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Edulcorantes artificiales. Stevia

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Edulcorantes artificiales. Alteran tus hormonas

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Una parte de esos efectos en cascada de los que hablamos está relacionado con la hormona insulina. Y es que cuando pruebas alimentos dulces, incluso aunque no tengan calorías, tu cuerpo libera insulina de igual forma que si estuvieras consumiendo azúcar. La insulina lleva a picos de azúcar en sangre, lo que incrementa tu apetito.

El mismo estudio de la Purdue University indicó que los edulcorantes artificiales impiden que tu cuerpo produzca la hormona GLP-1, que controla los niveles de azúcar en sangre y la sensación de saciedad.

Las dos hormonas combinadas pueden hacer que sientas más hambre y termines por comer más.

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Edulcorantes artificiales. Sobres de edulcorantes

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Edulcorantes artificiales. Hacen que comas más

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Relacionado con lo anterior, no es solamente una reacción bioquímica la que te hace aumentar la cantidad de alimentos ingeridos. Según la autora de The Super-Charged Hormone Diet, Natasha Turner, los alimentos con edulcorantes artificiales pueden hacer comer más debido a la sensación que producen en tu boca.

Según ella, el sabor y sensación que la comida produce en nuestra boca influye en nuestra capacidad para asociar las calorías que consumimos con las que necesitamos. De esta forma, la comida rica en grasa o azúcar envía la señal a nuestro cerebro de que es también rica en calorías.

Pero los alimentos con edulcorantes artificiales suelen tener una consistencia muy ligera y una textura muy diferente de los alimentos ricos en azúcar, por lo que dicha señal no llega a nuestro cerebro, que nos pide consumir una cantidad mayor.

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Edulcorantes artificiales. Sobres de edulcorantes

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Edulcorantes artificiales. Producen diabetes

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Los dos puntos mencionados anteriormente podrían explicar porqué varios estudios han indicado que los consumidores de refrescos light incrementan el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.

Los investigadores no tienen aún claro si esto es consecuencia de que las personas objeto de esos estudios no llevan una alimentación saludable, contrarrestando los posibles efectos beneficiosos que pudieran tener los refrescos light o es algo asociado biológicamente al consumo de estos refrescos.

Un reciente estudio de la University of Texas demostró que aquellas personas que tomaban refrescos light tenían un 65% más de posibilidades de ganar peso que aquellos que no las tomaban. Hasta aquí podría parecer algo hasta normal, pero lo que es más raro todavía, también tenían más posibilidades de ganar peso que aquellos que bebían la versión normal (no light) del refresco. Casi nada.

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Edulcorantes artificiales. Sobres de edulcorantes

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Edulcorantes artificiales. Contaminan el agua

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Los edulcorantes artificiales están diseñados para aguantar las condiciones que impone tu organismo sin descomponerse ni añadir calorías. Al ser tan resistentes, no se descomponen tampoco cuando están expuestos a luz, oxígeno o microbios.

En un estudio del año 2009 publicado en Environmental Science & Technology, unos investigadores suecos detectaron sucralosa y acesulfame K en aguas residuales tratadas, incluyendo muestras tomadas de un depósito de agua municipal. También descubrieron que los edulcorantes artificiales no se habían degradado en las aguas residuales tras un periodo de siete horas.

Investigadores canadienses obtuvieron resultados similares años después, encontrando sucralosa y acesulfame K en cada una de las muestras que tomaron de un río que recogía aguas residuales de 33 plantas de tratamiento diferentes.

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Edulcorantes artificiales. Recipientes con edulcorantes

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Edulcorantes artificiales. Modificados genéticamente

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Como lo oyes. Pueden ser una fuente más de material modificado genéticamente.

Los edulcorantes artificiales como la sucralosa, el aspartamo, el neotame y el eritritol, están todos ellos obtenidos desde el maíz, soja o remolacha. Pues resulta que en los Estados Unidos, la mayoría de estos cultivos están modificados genéticamente para resistir el uso de pesticidas.

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Como veis, nada relacionado con una de las asociaciones más comunes de los edulcorantes artificiales, el cáncer, pero varias razones para plantearnos su consumo. Como siempre, la información esta ahí y la decisión en vuestras manos.

Paco Cardenal

Me encanta comer. No mucho, sino bien. Y sobre todo me gusta saber lo que como y que no me den gato por liebre. Documentación, investigación, análisis, pruebas y todo lo necesario para conseguir conocer con todo detalle cada componente, fabricante o información nutricional por muy oculta que esté. Paco Cardenal

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